jueves, 20 de abril de 2017

El parque temático

El parque temático


            Esta semana nos ha sorprendido (al menos a quienes no tenemos otras fuentes de información que las que dan los medios de comunicación, tradicionales y digitales, o tal vez estamos algo despistados) el anuncio del proyecto de instalación un parque temático sobre la historia de España en las proximidades de Toledo. Al parecer, se trata de un proyecto de envergadura, llevado a cabo por la empresa francesa Puy du Fou, responsable de un exitoso parque temático de carácter histórico en el oeste de Francia (www.puydufou.com/es), nacido en 1977 y que recibió 2.200.000 visitantes en 2016, siendo el segundo parque temático del país. La empresa realizaría con este proyecto su primera inversión fuera de las fronteras galas. Se nos dice que se trataría de casi 200 millones de euros, incluyendo un pueblo, hoteles, restaurantes y cinco espectáculos, de manera que se comenzarían los trabajos en 2018, abriría un espectáculo en 2019, y los cuatro restantes en 2020. Todo ello generaría unos 4.000 empleos directos e indirectos, y se espera que en 2020 el parque reciba ya unos 1.300.000 visitantes.


            La noticia, en principio, no puede resultar más positiva. Es una inversión en un proyecto interesante y atractivo que, más allá de su capacidad para atraer personas y dinero, lo hace con una idea y una finalidad que parecen buenas, ya que pueden permitir una valiosa unión entre ocio y cultura. Porque no cualquier pretexto es bueno para atraer turismo e inversiones, pero este lo parece. En todo caso, ya que tanto en España como en Toledo estamos algo resabiados por los macroproyectos que fracasan, no llegan a hacerse realidad o cuestan muchísimo para unos resultados que se alejan bastante de lo anunciado, la prudencia nos aconseja a todos esperar, y a quienes tienen alguna responsabilidad en el proyecto, poner los medios necesarios para conseguir dos objetivos: que el parque sea una realidad, y que se haga bien, lo que quiere decir que sea un proyecto riguroso en muchos sentidos: con nuestra Historia, con el medio ambiente, con la economía, alcanzando, en el plazo anunciado, un resultado positivo y sostenible. Dicho esto, no cabe ocultar que hay bastantes indicios positivos e ilusionantes. La empresa Puy du Fou ya anuncia en su web que no recibe ni un céntimo de dinero público, siendo una iniciativa privada autofinanciada al 100%, lo que permite deducir que no costará nada al contribuyente español. Además, las declaraciones de sus responsables sugieren que el proyecto tendrá como seña de identidad el rigor histórico, no solo porque se dice que buscarán el asesoramiento de “las academias” (imagino que al menos de la Real Academia de la Historia y de nuestra RABACHT), sino porque el presidente de la empresa, Nicolás de Villiers, señaló: “Queremos que los españoles que vengan puedan sentir el gran orgullo de su patrimonio y de su Historia y que los extranjeros digan `cómo me gustaría ser español, ser castellano-manchego y ser toledano´”, y su fundador, Philippe de Villiers, afirmó rotundamente que “no tiene sentido hacer este parque aquí si no se respeta la visión de España”. Así que todo parece prometedor. Solo inquietan algo las declaraciones del presidente de la Comunidad y de algunos responsables, adelantándose a considerar inadmisible que se pusieran problemas por el agua, en alusión a la Confederación Hidrográfica. Parecería que esto es “poner la venda antes de la herida”. Pero, en lo uno y en lo otro, el tiempo dirá. Y nosotros, que lo veamos… y lo disfrutemos.    

(Fuente de la imagen: http://www.latribunadetoledo.es/Noticia/ZAFAD9340-EB81-EEEB-AF0FA53270007FFC/Puy-du-Fou-llega-con-140-millones)

jueves, 13 de abril de 2017

Sobre la amistad

Sobre la amistad


         
Dicen que “quien tiene un amigo, tiene un tesoro”, y es que sin duda la amistad es algo realmente valioso. Se atribuye a Elbert Hubbard la siguiente definición: “Un amigo es el que lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere”. Y mucho antes, Demetrio de Falero afirmaba que “un hermano puede no ser un amigo, pero un amigo será siempre un hermano”. Hoy vivimos quizá una época en la que todo se mide en cantidad y casi nada en calidad, por eso algunos cuentan sus amigos de Facebook o de otras redes sociales, pero ¿a cuántos de ellos podríamos considerar realmente como hermanos? Está claro que la generalización conduce a la banalización del término, y así se termina por desvirtuar su significado y convertirlo en una palabra ambigua. Por eso en ciertos casos (en unos pocos casos) necesitamos adjetivos que lo especifiquen, como “amigo íntimo”, “verdadero” o “cercano”. En estos casos sí cabe aplicar la máxima del gran Cicerón: “¿qué cosa más grande que tener a alguien con quién te atrevas a hablar como contigo mismo?”. Aunque también nuestro gran filósofo estoico supo situar la amistad en el contexto de la adecuación y la prudencia: “la confidencia corrompe la amistad; el mucho contacto la consume; el respeto la conserva”.


            La amistad, además, es un valor que puede entrar en tensión con la imparcialidad o la ecuanimidad. Todos tenemos “debilidad” por nuestros amigos. Por eso la mayoría de nuestros ordenamientos reconocen la amistad íntima como causa de abstención y recusación en procedimientos administrativos, judiciales, o en los que impliquen  una valoración objetiva. Damos por hecho la dificultad para ser del todo justos con el amigo, al igual que con el familiar cercano. Aunque acaso a veces esa falta de imparcialidad no se traduzca en mayor laxitud, sino en mayor exigencia, si de verdad se quiere al amigo. En todo caso resulta difícil mantener la objetividad con los amigos. Pero la amistad ha de ser algo muy bueno, cuando Jesús de Nazaret, que para los cristianos es el mismo Dios hecho hombre, la cultivó ampliamente. Entre todos sus discípulos, eligió a doce apóstoles. Y no castigó al que le traicionó, sino que este encontró en el pecado su propia penitencia. Aun dentro de estos doce, nunca ocultó que tuvo tres “amigos favoritos”: Pedro, Santiago y Juan. Y por encima de todos, este último, quien fue el discípulo amado, a quien consideró auténticamente como su hermano, hasta el punto de encomendarle a su propia madre: “madre, ahí tienes a tu hijo. Hijo, ahí tienes a tu madre”. Además, al menos en dos ocasiones, Jesús demostró que daba a la amistad tanto valor como para alterar –aparentemente “sobre la marcha”- el plan divino de la redención. En primer lugar, en las bodas de Caná, momento en el que se vio de algún modo constreñido a anticipar su primer milagro, no solo por amor a su madre, sino también por prestar a unos amigos uno de los mayores servicios que quepa imaginar: conseguirles un excelente vino para festejar su boda, cuando se les había acabado lo que tenían. Más tarde, y antes de su propia resurrección, lloró con sus grandes amigas Marta y María la muerte de su también amigo Lázaro, y decidió devolverle a la vida, porque en realidad ellas sabían que, pudiendo hacerlo, Jesús no les negaría eso a sus amigos. Son ejemplos de amistad verdadera, que podríamos tomar como modelo con nuestros amigos “auténticos” (valga el pleonasmo). Eso sí, absteniéndonos de conocer o resolver, cuando proceda…

(Fuente de la imagen: http://www.bellomagazine.com/es/familia/la-amistad-despues-de-los-30 )

miércoles, 5 de abril de 2017

¿Parlamentos más vivos?

¿Parlamentos más vivos?




            Hace casi un siglo que viene hablándose de la crisis del Parlamento. Desde que el Estado social fue reemplazando al Estado liberal, el centro de gravedad de la vida política pareció desplazarse del poder legislativo al ejecutivo, que asume en gran medida el protagonismo en la prestación de servicios públicos y la satisfacción de derechos económicos, sociales y culturales, dado que unos y otros no se garantizan con hermosas y grandilocuentes proclamaciones constitucionales y legales, sino con medios personales y materiales que cuestan dinero, y que finalmente van a ser ejecutados por el Gobierno y la Administración. Por otro lado, la eterna crisis del Parlamento no es solo de protagonismo, sino de representatividad, y en definitiva de legitimidad, pues siendo en los modelos parlamentarios el poder del que deriva la legitimidad democrática de todos los demás, muchos ponen reiteradamente de relieve que tiene déficits significativos en cuanto a su capacidad para representar el pluralismo político y social, y también en la medida en que puede llegar a frenar la participación directa de los ciudadanos. Todos recordamos el “no nos representan” como eslogan utilizado por distintos movimientos a partir de 2011, achacando a nuestro sistema electoral y a otras circunstancias la causa de esos déficits del Parlamento. En realidad, ese tipo de críticas son mucho más antiguas, y ya en las Cortes de Cádiz de 1810-1812, los diputados americanos se quejaban, con razón, de su infrarrepresentación en aquella cámara (aproximadamente un tercio de los diputados procedentes de América representaban, sin embargo, a unos dos tercios de la población española, que eran los residentes en los territorios del otro lado del Atlántico). Pero ha bastado el cambio en el comportamiento electoral, para que la composición de los parlamentos haya cambiado también, sin modificación legal alguna.


            El caso es que el Parlamento resiste una y otra vez este tipo de críticas, que por otro lado serán positivas en la medida en que permitan construir un modelo representativo más fuerte, abierto, y democrático, y contribuyan a devolver al parlamento la centralidad del sistema político. Hace poco la Asociación de Constitucionalistas de España debatía sobre el Parlamento en León, ciudad reconocida por la UNESCO como cuna del parlamentarismo mundial, ya que se considera que fueron las Cortes convocadas por Alfonso IX en 1188 el primer órgano propiamente parlamentario, al ser estable, codecisor y contar con representación de las ciudades y no solo de nobleza y clero (aunque es verdad que el Alpingi islandés funcionaba ya desde el siglo X, me comprometo a investigar si propiamente merece similar consideración). Mis particulares conclusiones son que hay que recuperar la esencia del Parlamento como órgano central de una democracia, idóneo para el debate, imprescindible para el control del poder, auténtico “templo” de la política. En España, desde que en 2015 nuestro sistema de partidos ha cambiado, la mayoría de los parlamentos autonómicos, así como el Congreso, han recuperado una vida que parecía perdida, recobrando el protagonismo político al intensificar su función de control y de orientación política. La contrapartida, parece obvio, está en la función legislativa, que se ve ralentizada o disminuida, pues es mucho más difícil alcanzar los acuerdos necesarios para aprobar leyes que para aprobar meras resoluciones de orientación política, o para oponerse al Gobierno. Además, el Parlamento es idóneo para legislar y para controlar al Gobierno, pero no, desde luego, para gobernar...

(Fuente de la imagen: http://es.globedia.com/congreso-preve-reeditar-grupos-amistad-parlamentos-extranjeros-crisis-economica)