jueves, 17 de mayo de 2018

Música de mi vida: Hevia


Música de mi vida: Hevia




            Habitualmente he dedicado los artículos de esta serie a canciones de mi infancia y juventud. Y es que aquello que nos gustó o llamó la atención en los primeros años de nuestra vida, nos marca probablemente para siempre. En este caso, en cambio, me refiero a un autor cuyo primer disco es de 1991, y su primer gran éxito, por el que casi todos le conocimos (“Tierra de nadie”) data de 1998. Pero no por ello la música de Hevia ha dejado de ser “música de mi vida”, porque representa mejor que nadie lo que significa innovar respetando la tradición. Cualquier asturiano se cría acostumbrado a escuchar las gaitas en todo tipo de eventos y fiestas, aunque no todos la tocan desde los 7 años. Hasta ahí, José Ángel Hevia Velasco podría haber sido “simplemente” un gran gaitero. Pero una cosa es eso, y otra muy diferente inventar un instrumento llamado gaita electrónica, y a partir de ahí revolucionar la tradicional música gaitera, partiendo en muchas ocasiones, de canciones o melodías tradicionales, pero transformándolas para darles un estilo y un toque radicalmente original, innovador, absolutamente híbrido, e incuestionablemente rompedor. Eso solo está al alcance de los genios. Y, por supuesto, como toda obra genial, los primeros discos de Hevia fueron objeto de debate o controversia, su estilo fue cuestionado por los más puristas, tuvo sus detractores y sus partidarios… Como todo es opinable, diré que a mí siempre me pareció fabuloso y extraordinario, y que sin duda ha contribuido enormemente a la difusión y el interés por la gaita y por algunas canciones tradicionales asturianas.



Es imposible aquí hacer una selección de sus mejores canciones. Del excelente disco antes mencionado, aunque parece imposible destacar solo una me decanto por el gran éxito Busindre Reel, canción absolutamente dinámica y casi totalmente instrumental, aunque, entre ese ritmo gaitero casi “pop” se puede escuchar a la señora cantando “Tu non vuelvas máaas a mio casa faciendo ruiu con les madreñes”. Este gran defensor de la lengua y la cultura asturiana ha seguido creando sus particulares versiones de canciones tradicionales asturianas en discos posteriores como “Al otru llau” (2003), pero al tiempo ha ido evolucionando hasta el reciente “Al son del indianu” (2018) en el que vuelve a innovar y resultar rompedor, aplicando su gaita eléctrica a ritmos tan latinos como la bachata, el bolero o incluso el tango, en un particular y precioso reconocimiento a los asturianos que emigraron a América a ganarse la vida y de vuelta dejaron su huella a orillas del Cantábrico; un trabajo construido con esa mixtura de elementos (en este caso, Asturias e Iberoamérica, tradición e innovación) que Hevia maneja mejor que nadie.  

(Fuente de las imágenes: http://www.europapress.es/cultura/musica-00129/noticia-hevia-presenta-danzonete-primer-single-nuevo-disco-son-indianu-20180219121808.html y http://www.diarioinformacion.com/vida-y-estilo/gente/personajes/2013/06/15/hevia-industria-musical-desaparecido-crisis/1385616.html) 

jueves, 10 de mayo de 2018

Ay, humor

El Miradero                                                                          F. Javier Díaz Revorio

Ay, humor



            La palabra “serio” tiene varios sentidos, y en algunos de ellos puede ser contraria a “alegre” o “desenfadado”. Pero si entendemos serio no como “severo en el semblante, en el modo de mirar y hablar”, sino más bien como “real, verdadero y sincero, sin engaño o burla, doblez o disimulo”, o como “grave, importante, de consideración” (que son, probablemente, sus sentidos más positivos), resulta que el que algo o alguien sea serio no solo es compatible con que sea alegre, sino incluso con que resulte ameno o divertido. Lo contrario de divertido no es, desde luego, serio, sino aburrido. Y ser aburrido no es ningún valor. Más bien al contrario, suele resultar positivo utilizar medios amenos, alegres y atractivos para abordar cuestiones serias, siempre que no se confunda el medio y el fin. El sentido del humor resulta saludable tanto a nivel individual como social.


            Creo que, en principio, todo es susceptible de ser abordado con sentido del humor, aunque no toda forma de humor puede legitimar siempre lo que sea objetivamente ofensivo o hiriente. El Tribunal Supremo de Estados Unidos, en Hustler Magazine vs. Falwell, de 24 de febrero de 1988 (uno de los asuntos que refleja la película que se tituló en España El escándalo de Larry Flynt) protege especialmente aquella comunicación que constituye evidentemente una parodia, y no resulta realmente creíble ni verosímil. La libertad de expresión protege todos los gustos, incluso aquello que la mayoría pueda considerar de mal gusto. En general, la jurisprudencia da una mayor protección a aquellas manifestaciones en las que prevalece el animus iocandi. Aunque esto no puede afirmarse de una manera categórica o absoluta, ya que en cualquier mensaje dicho animus puede convivir con un claro animus iniuriandi, y no siempre es fácil determinar cuál prevalece, ni la intensidad de esa intención de ofender o injuriar. A mi juicio, el humor nunca debería ser utilizado meramente como una coartada, excusa o forma de encubrir la intención de lesionar de forma clara el honor, la intimidad, u otros valores constitucionalmente protegidos. En cuanto a los valores o principios colectivos, cada sociedad en cada momento tiene un grado de sensibilidad especial frente a determinados temas, pero en ningún caso ello debería impedir abordarlos con humor. Ese genial castellanomanchego que es José Mota, por ejemplo, siempre ha sabido hacer buen humor sin ofender, aunque muchas veces sus parodias encierren profundas críticas a nuestra sociedad. El humor bien entendido debe empezar con uno mismo. Y en una sociedad que en algunos aspectos parece siempre tensa y a veces hasta desquiciada, el humor es la mejor terapia.

(Fuente de la imagen: https://www.lifehack.org/584343/having-sense-humor-worse-than-being-boring)

miércoles, 2 de mayo de 2018

Independencia judicial y posverdad


Independencia judicial y posverdad


            Lo que diferencia la civilización de la barbarie es fundamentalmente que en aquella se establecen reglas, y mecanismos ordenados y equilibrados para sancionar a quienes las infringen, así como para la solución pacífica de controversias. Se supera así la mera venganza, el linchamiento o la pasional respuesta tribal. Más tarde se supera también el “ojo por ojo”, y se va asentando la idea de que para preservar estos mecanismos es necesario un poder judicial independiente de todos los demás poderes, pero también de cualquier tipo de presión social o económica. Los jueces han de operar solamente con criterios jurídicos, que incluyen no solo las reglas explicitadas en las normas aplicables, sino también principios como la presunción de inocencia (ya dijo Ulpiano “satius enim esse impunitum relinqui facinus nocentis quam innocentem damnari”) o el más genérico del “in dubio pro reo”.  Sus decisiones son siempre revisables con esos mismos criterios, y las leyes en las que se basan, susceptibles de reforma por los procedimientos previstos.


            Desde luego, la libertad de expresión permite criticar las decisiones de todos los poderes públicos, incluido el poder judicial. Pero no es igual criticar las sentencias que atacar a los jueces. Y tampoco dejan de resultar llamativas (aunque lícitas) las críticas de algunas personas que, en muchos casos sin conocer el derecho, antes de haber leído la sentencia, y sin haber analizado las pruebas, exigen directamente la inhabilitación de los jueces. Desde luego, en el caso de la ya famosa “sentencia de la manada”, ha habido críticas de todo tipo, pero tengo la sensación de que entre los juristas han sido mucho más frecuentes las expresiones de respeto a los jueces, se acompañen o no de discrepancias sobre el fondo. Por lo demás, siendo la prueba principal (además de la declaración de la víctima, a la que los jueces han dado plena credibilidad) un vídeo que se supone que nadie ha visto, excepto las partes y los propios jueces, creo que las opiniones deberían ser muy cautelosas. Pero como alguien ha dicho, parece que la posverdad ha llegado a la justicia, y muchas personas habían ya asumido un relato, una interpretación, y una única solución justa. Esa construcción resulta muy emotiva y es fácil que cale en muchas personas. Lo increíble e injustificable es que a ello se apunte el propio ministro de Justicia, que se permite además aleccionar al Consejo General del Poder Judicial, órgano que existe precisamente para garantizar que un ministro no pueda dar indicaciones sobre lo que ha de hacer este, o los propios jueces. La última palabra, por suerte, la tendrá un tribunal superior, porque la única salida es siempre el Estado de derecho.

(Fuente de la imagen: http://www.mercado.com.ar/notas/2711133)

miércoles, 25 de abril de 2018

Decálogo de la imagen

Decálogo de la imagen




            En varias ocasiones he dedicado este espacio a los derechos que existen sobre una imagen, que básicamente son de dos tipos: los del autor, y los de las personas captadas (si la imagen refleja a personas). Hoy, toda persona es un medio de comunicación; todos tenemos una cámara en el bolsillo, y todos podemos ver cómo nuestra imagen es captada y reproducida. Así que puede ser útil conocer (y practicar) algunas reglas básicas derivadas de nuestro derecho y del sentido común. Intentaré expresarlas sintéticamente:

1)       Como regla general, no publiques la imagen de terceras personas sin su consentimiento, implícito o explícito (en algunos lugares del mundo, una propina puede ayudar… y a veces conseguirás una mejor foto, con un posado y una sonrisa).
2)       La publicación debe ser proporcional al consentimiento. Alguien puede permitir que le tomes una fotografía, pero eso no significa que puedas presumir que consiente cualquier uso o difusión de ella.
3)       En el caso de personas privadas, lo único que se puede publicar sin pedir consentimiento es aquella imagen tomada en lugar público y que sea accesoria en una toma más amplia o general.
4)       En la duda, busca la opción más prudente. No publiques primeros planos “robados”, y ofrece quitar las fotos que hayas subido (indicando forma de contacto) a las personas que aparecen en ellas.
5)       La responsabilidad por la difusión indebida de imágenes no afecta solo a quien publica, sino también a quien comparte, al menos cuando es evidente que esa imagen no cumple los requisitos para su difusión.
6)       No tiene las mismas consecuencias compartir algo con tus amigos, que hacerlo con todo el mundo. Tanto para lo que publicas como para lo que compartes, tanto para la protección de la imagen de los demás como de la tuya propia, piensa bien cómo quieres configurar las opciones de privacidad en una red social.
7)       Protege tu imagen, sobre todo la del perfil de Facebook. Lo mejor es no subir lo que no quieras que pueda ver cualquiera, nunca puedes estar seguro de que alguien no lo comparta indebidamente.
8)       Respeta siempre el derecho de autor: jamás compartas una foto que no hayas hecho tú, sin citar al autor, o al menos la fuente de donde la has tomado.
9)       En ciertos casos, ni siquiera con cita se puede compartir una foto, porque el autor puede restringir esa opción o someterla a requisitos. Infórmate antes de compartir; como regla general, no publiques en abierto aquello a lo que accediste en un foro restringido.

10)    Cuando subas una foto de tu autoría, aunque no incluya la imagen de nadie, infórmate de las condiciones de la plataforma a la que la subes, para saber en qué medida estás consintiendo el acceso o uso de la foto por terceros. O establece tus propias condiciones. Si la valoras, fírmala, procurando no estropearla con ello.